Durante las tres últimas semanas hemos tenido lluvias intensas en los sectores de secano costero e interior de las Regiones de Maule y O’ Higgins. Pasar de no haber llovido nada hasta principios de junio de 2020, y contar ahora con agua caída sobre 200 mm. es sumamente alentador. Sin embargo,  surge la pregunta  si esta caída de agua marca una diferencia importante para los sistemas productivos  basados en praderas, y en concreto si los suelos están preparados para recibir y absorber esta agua.

Como ya sabemos, el suelo es un ecosistema vivo debido al gran número de microorganismos que se desarrollan en él. Esta actividad biológica del suelo es clave para el desarrollo de las plantas, así como para la descomposición de la materia orgánica, transformándola en un valioso componente del suelo que mejora las propiedades físico-químicas y promueve el desarrollo microbiano, lo cual determinará la capacidad final del suelo para retener el agua lluvia.

El problema radica en que los suelos del secano se encuentran muy degradados, proceso explicado por la erosión, fenómeno natural exacerbado por malas prácticas agrícolas como el sobrepastoreo, la rotura de cubierta vegetal, el cultivo intensivo de cereales y la forestación con especies exóticas, lo cual hace perder al suelo muchas de sus características, entre ellas la acumulación de agua en el perfil. Por ello, mucha de esta agua caída no está quedando en los campos aprovechable para nuestras praderas, sino que la estamos perdiendo por escorrentía o por percolación hacia las napas subterráneas. Dados los pronósticos que, de ahora en adelante, con este “nuevo clima” se seguirán produciendo eventos climáticos extremos, reaparece la importancia de incorporar técnicas para regenerar los suelos del secano y devolverles su fertilidad y su capacidad de retención de agua.

Este tipo de técnicas no sólo nos permiten un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles en los sistemas productivos, como la pradera, el agua o el suelo, sino que también hacen más resiliente los sistemas agrícolas insertos en una macrozona que de por sí es altamente vulnerable a las consecuencias del cambio climático.

Es así como surge nuevamente la importancia de políticas agrícolas sostenibles y en ello  incorporar técnicas de Agricultura Regenerativa como parte de la solución.


Jorge Nuñez Camilo

Ingeniero Agrónomo - Universidad de Concepción. Diplomado en Administración de Proyectos en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Chile. Amplia experiencia en áreas de gestión operativa en empresas agroindustriales y en el desarrollo de sistemas de control de gestión. Socio fundador en TECNOVIS

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